domingo, 18 de febrero de 2018

¡FELIZ DOMINGO! 1º de CUARESMA

  SAN MARCOS 1, 12-15

    "En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Nueva."

                                                        ***       ***      ***
    Jesús es Mesías e Hijo de Dios, pero en la debilidad de la condición humana: la tentación (cf. Flp 2,6-8). También él tiene que vivir la prueba y el desierto. Marcos, desde el principio, quiere evitar una visión equivocada de la persona  y misión de Jesús. Por otra parte, la alusión a la convivencia con las fieras y al servicio de los ángeles sugiere la realidad de Jesús como el  “último Adán”, el hombre verdadero.
REFLEXIÓN PASTORAL
     El pasado miércoles iniciábamos un nuevo tiempo litúrgico: la Cuaresma.  Tiempo favorable” (2 Cor 6,2,) porque nos invita a “avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo y a vivirlo en su plenitud Cristo” (oración colecta). 
    En la ceremonia de la imposición de la ceniza se nos dijo: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Y es que solo así podremos alcanzar el objetivo de la Cuaresma. Los textos bíblicos de este primer domingo ofrecen puntos luminosos para entregarnos a este quehacer.
     La vida hay que vivirla con esperanza porque, más allá de los avatares puntuales de la historia, está garantizada por Dios, que ha empeñado su palabra en un pacto gratuito e incondicional (1ª lectura), renovado en la sangre de la Nueva Alianza (2ª lectura).
     Dios es nuestro aliado, está a nuestro lado, está de nuestra parte, aunque en ocasiones tengamos la sensación de estar solos y abandonados. “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo” (Sal 23,4). Y esta es una convicción necesaria para atravesar los desiertos de la vida, sembrados de tentaciones y dificultades.
      El evangelio nos presenta a Jesús empujado por el Espíritu al desierto, lugar inhóspito y acogedor a un tiempo; “archivo histórico” y “espacio penitencial” y “esponsal” para la memoria de Israel. La experiencia de Jesús en el desierto, como la experiencia de Israel, fue una experiencia guiada por Dios. Dios conduce al desierto para darse a conocer sin filtros y para conocer sin máscaras.
      Y allí pasó Jesús 40 días, como Moisés en el Sinaí (Éx 34,28), como Elías en el Horeb (1 Re 19,1-8). Y “se dejó tentar”. Con este pasivo san Marcos apunta a que la tentación no se le impuso, sino que la permitió él, mostrando así su voluntad de hacerse semejante a los hombres (Flp 2, 8), y de enseñarnos a ser hombres en la tentación.
     Sin embargo, a diferencia de los otros evangelistas (Mt y Lc), san Marcos no detalla las tentaciones ni habla de ayunos, pero subraya algo que silencian los otros: “Vivía con las fieras y los ángeles lo servían”. Procediendo así, por una parte muestra la realidad humana concreta de Jesús en un discernimiento personal, en una búsqueda del sentido de su vida, y por otra, presenta su figura como el nuevo Adán, viviendo en armonía con los animales en el Paraíso. Pero con una diferencia, Jesús no sucumbió a la tentación, como sucumbió Adán.
         Y clarificada su vocación, Jesús se entrega a la misión. La enseñanza es clara: antes de cualquier misión se requiere una clarificación; pero una vez alcanzada ésta, se impone la misión.
        Transitemos por este “tiempo oportuno” y de “oportunidades” que es la Cuaresma. ¡Ojalá en él escuchemos la voz del Señor y no endurezcamos el corazón.
REFLEXIÓN PERSONAL
.- ¿Con qué espíritu abordo la Cuaresma?
.- ¿Cuáles son mis tentaciones?
.- ¿Cuáles son mis obras de conversión?
DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

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sábado, 17 de febrero de 2018

¡FELIZ Y FECUNDA CUARESMA!

   


Ha comenzado la Cuaresma, y en este tiempo de gracia, la Iglesia nos recomienda el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.
El Señor dice:  Tú…  cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.” (Mt 6, 5)
Nosotras te invitamos a orar con nosotras, y te ofrecemos  nuestra capilla. Permanece abierta todas las tardes de lunes a sábados, de 6 a 8, con posibilidad de quedarte hasta las 9. Y los domingos de 4 a 8.
                         (El horario de cultos lo puedes ver en nuestras ofertas.)

domingo, 11 de febrero de 2018

¡FELIZ DOMINGO! 6º del TIEMPO ORDINARIO

  SAN MARCOS 1, 40-45
                                         
                                                               
   "En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme.
     Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero, queda limpio.
     La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.
     Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aún así acudían a él de todas partes."
                                              ***             ***             ***
     Esta es la única narración de curación de un leproso que nos transmite san Marcos. La lepra y el leproso eran signos de marginación y exclusión de la comunidad (cf Lv 13,45-46). En tiempos de Jesús  los leprosos no podían entrar en Jerusalén. En los restantes lugares podían vivir, pero tenían que arreglárselas por su cuenta. El encuentro con un leproso volvía a uno impuro. Jesús no teme contagios, porque es la Salud y la Vida; para él no hay barreras: ha venido a romper cualquier muro ritual o real (cf.  Ef 2,14). Esa curación es un signo y un testimonio para el judaísmo del mesianismo de Jesús: "los leprosos quedan limpios" (Mt 11,5).

REFLEXIÓN PASTORAL
    En uno de sus primeros discursos,  san Pedro sintetizó el ser y hacer de Jesús con estas palabras: “Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos, porque Dios estaba con El” (Hch 10,38).
    Cuando el Bautista envió una embajada a Jesús para informarse sobre la verdadera identidad del profeta de Nazaret, con la pregunta: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”, el Señor le respondió: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y  los pobres son evangelizados” (Mt 11,2-5).
     Y, ya en el primer momento de su ministerio público, en la sinagoga de Nazaret, esbozó su programa con las palabras del profeta: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar, a proclamar a los cautivos la libertad,  y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19).
     Este fue su estilo. Nos enseñó que ningún asunto es tan urgente como para obligarnos a pasar de largo, sin detenernos, ante las necesidades de un hombre o mujer; que no es correcto dar un rodeo o torcer la cabeza para ignorar al caído en la cuneta de la vida. Recordemos la parábola del buen samaritano: no se puede argumentar con la religión y sus obligaciones para evadir el compromiso humano (cf. Lc 10,25-37)
     El relato evangélico de hoy nos presenta al Señor sanando a un leproso, enfermedad que, como se nos dice en la primera lectura, suponía la exclusión de la vida comunitaria y condenaba a los que la sufrían a vivir fuera de los poblados, por motivos de prevención de contagios, cuando la medicina era muy rudimentaria.
     Pero Jesús no tuvo miedo al contagio, ni se detuvo ante las severas penas que amenazaban a los que entraban en contacto con los leprosos. El veía en el leproso no un riesgo de contagio, sino la urgencia del amor;  no un peligro, sino un hombre… Y nos quedó este mensaje: “Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15), y “cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). Por eso, Pablo en la segunda lectura propone a Jesucristo como el referente ético de la vida.
     La lepra más peligrosa no es la de la piel, sino la del corazón, y hasta ahí llega la voluntad sanadora de Jesús, a limpiar el corazón para, sanado, convertirlo en casa de acogida cálida y fraterna.
     Hoy, en la Jornada de Manos Unidas contra el hambre se nos hace una llamada a salir de nuestras vidas satisfechas, a veces saturadas, para compartir, para unir nuestras manos en la tarea de amortiguar el hambre, esa lepra, que es, paradójicamente, el alimento diario de millones de hombres.
REFLEXIÓN PERSONAL
.- ¿Cuál es mi proyecto vital? ¿Cristo?
.- ¿Mi paso por la vida es un paso bienhechor?
.- ¿Rehúyo los encuentros de riesgo? ¿Temo los “contagios”?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

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domingo, 4 de febrero de 2018

¡FELIZ DOMINGO! 5º del TIEMPO ORDINARIO

  SAN MARCOS 1, 29-39

     "En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar.
    Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
    Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
    Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios."
                                      ***    ***    ***            
    Tres momentos destacan en este relato: 1) la curación de la suegra de Pedro (que muestra el talante natural de Jesús, atento a los detalles. 2) Un sumario que globaliza su actividad sanadora y regeneradora de la vida. 3) La indivisible unión entre oración y misión. Marcos subraya que Jesús no se deja hipotecar por la popularidad; no se detiene a rentabilizar el éxito; su tarea es evangelizar, pasar por la vida haciendo el bien, gratuitamente.
REFLEXIÓN PASTORAL
           Jesús es un centro, un foco de salud y de vida. Entra en la historia anunciando y realizando el Reino de Dios, es decir, anunciando y realizando la presencia salvadora de Dios, a todos los niveles y en todos los lugares.
            Nos cuenta hoy el evangelista Marcos que, al salir de la sinagoga de Cafarnaún, donde acababa de curar a un enfermo, Jesús se dirige con los primeros cuatro discípulos a la casa de Simón y de Andrés. Al entrar, se entera de que la suegra de Simón está enferma, inmediatamente se acerca a ella, interesándose por su estado; le toma de la mano y le devuelve la salud, incorporándose ella a los quehaceres de la casa. Se trata casi de una anécdota intranscendente, que nos habla, sin embargo, elocuentemente de la sensibilidad de Jesús. Para él nada es irrelevante.
          Al atardecer, pasado el sábado, la casa de Simón y de Andrés se ve rodeada de enfermos que buscan ser curados. Y Jesús, nos dice el evangelista, devuelve a muchos la salud. Pero no termina ahí su quehacer.
         Cuando todos duermen, él sale a un lugar solitario a orar. La oración es un aspecto fundamental de su acción evangelizadora. A Jesús no le bastaba estar con los hombres, ni siquiera morir por los hombres; necesitaba momentos de absoluto, de comunicación y comunión íntima con el Padre Dios.
           Y aquí suele residir el fallo de no pocos proyectos de evangelización y de no pocos evangelizadores: la falta de la oración. Evangelizar no es solo transformar el mundo, sino transformarlo según el designio de Dios. Para eso hay que contemplar a Dios. Y eso no se improvisa. ¡Cuánto tiempo dedicamos a programar! ¿Y a orar? ¿Oramos nuestras programaciones?
         Advertida su ausencia, los discípulos le buscan nerviosos. “Todo el mundo te busca”, le dicen al encontrarle, en un intento de hacerlo regresar al fervor de la multitud entusiasmada. Pero Jesús no se deja monopolizar ni marear por los aplausos. Su misión es hacer el bien, sin detenerse a rentabilizarlo; por eso les dice. “Vamos a otra parte…, que para eso he salido”.
         Y es que Jesús todavía es necesario, y “todos le buscan”. Todos los que como Job, en la primera lectura, buscan el sentido de la vida. Para ese hombre, descrito como jornalero resignado, muchas veces sin horizontes ni perspectivas, agotado, desasosegado, para ese hombre debe seguir resonando y actualizándose el evangelio de Jesús. Y ¿cómo? A través de hombres que sientan en lo más hondo de su ser la urgencia de prestar ese servicio.
           “¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!”, exclama san Pablo en la segunda lectura. Y para eso no duda en hacerse “débil con los débiles…, y todo a todos”. Sabiendo que en ese deshacerse por el Evangelio está construyendo su futuro personal, y un futuro mejor para los demás.
               La palabra de Dios nos invita hoy a dirigir la mirada a Jesús, fuente de vida y de salud, modelo de evangelizador con la acción y la oración;  a dirigir la mirada al hombre para ofrecerle, desde la propia vivencia, el mensaje sanador y esperanzador de la caridad del Evangelio como alternativa a una vida que se consume sin esperanza (y muchas veces hasta sin pan); y a dirigir la mirada a Dios, para pedirle la audacia que, como a Pablo, nos lleve a servir con generosidad la causa del Evangelio, que muchas veces es la causa de los menos favorecidos.

REFLEXIÓN PERSONAL
.- ¿Siento la urgencia de anunciar y hacer presente el Evangelio de Jesús?
.- ¿Se consume mi vida en una atonía existencial?
.- ¿Busco de verdad a Jesús?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.
 
Como el domingo anterior,
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domingo, 28 de enero de 2018

¡FELIZ DOMINGO! 4º del TIEMPO ORDINARIO

SAN MARCOS 1, 21-28
    "Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando al sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad.
    Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
    Jesús le increpó: Cállate y sal de él.
    El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió.
    Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y lo obedecen.
    Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea."
                                             ***             ***             ***
    Jesús es ese profeta anunciado por Moisés: solo en él la palabra de Dios suena en toda su potencialidad y verdad. Es el Santo de Dios. Y desde el principio aparece enfrentado al espíritu del mal, que, ante su presencia, se siente amenazado de muerte. La gente lo percibe: la “autoridad” de su palabra no se identifica con el autoritarismo sino con la energía y credibilidad de la misma. El Evangelio no es solo anuncio de salvación, sino realidad salvadora, nueva y renovadora.  “¿Qué es esto?”. Es la pregunta que pretende responder el  evangelista Marcos con su evangelio.


REFLEXIÓN PASTORAL
     En un mundo saturado de palabras, discursos declaraciones contradictorias, surge, o puede surgir, el escepticismo, la sospecha, la duda sobre la veracidad y credibilidad de las mismas.
     Pero entre tantas palabras, hay una Palabra; entre tantas noticias, hay una Noticia; entre tantas promesas, hay una Promesa: la palabra de Dios, el evangelio de Jesucristo… ¿Habrá llegado hasta aquí el escepticismo que envuelve a las palabras humanas? Acostumbrados a casi todo, ¿nos habremos también acostumbrado al Evangelio, insensibilizándonos para captar su mensaje?
     “¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad”. El evangelio de Cristo no fue, y no puede ser, un mensaje ocasional y oportunista. No fue una ideología de acompañamiento, legitimadora de situaciones de hecho, por muy extendidas que estén sociológicamente. No fue pronunciado mirando al tendido, esperando hurras y aplausos… Y no puede serlo.
     “Sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie…” (Mt 22,16); esto lo reconocieron sus adversarios. Hasta los “demonios”.
         El relato evangélico nos presenta a dos hombres “poseídos” por el “espíritu”. Jesús, poseído por el Espíritu Santo, y el endemoniado, “poseído” por el espíritu del mal. Y en el combate vence el “Espíritu” de Jesús. Espíritu liberador, porque Jesús vino para eso para liberar al hombre de todas las “posesiones” que le esclavizan. Vino a descubrir al hombre quién era Dios, cuál era su voluntad, emplazando al hombre a tomar una decisión.
      La palabra de Jesús era una palabra nueva y renovadora; de redención y esperanza; libre y liberadora; bienhechora y compasiva… Una palabra divina, aprendida en Dios: “Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia…” (Jn 14,10). Por eso dijo Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
     ¡Qué contraste con nuestras palabras! ¡Vanas, vacías, incapaces de devolver la auténtica alegría y la verdadera libertad! Palabras teóricas, a las que casi nunca acompañan el amor y el sufrimiento por los otros. Palabras muy retóricas, pero poco prácticas. Aduladoras, pero insinceras…
     La única palabra que salva, digna de ser creída y con autoridad es la que nace de un corazón purificado y madurado por la compasión solidaria; la que nace de la contemplación de Dios…
     ¡Cuántos están esperando de nosotros esa palabra, la de Cristo, para sentir esperanza, amor, ilusión… Y nosotros se la hurtamos, se la negamos, porque hasta la desconocemos! Y, sin embargo, hemos sido sus depositarios y constituidos en sus difusores…, a nivel de magisterio y, sobre todo, de vida.
     Si esa palabra no es creíble quizá se deba, en buena parte, a que no seamos creíbles sus mensajeros, pero también quizá a que, en el fondo, los mensajeros no creemos en ella. Por eso, Pablo justifica el celibato como expresión de radicalidad para servir con credibilidad “los asuntos del Señor”.  
      Su reflexión en la 2ª lectura merece ser destacada. La evangelización debe interpretar la melodía evangélica polifónicamente. Y el celibato forma, como estado de vida, parte de esa polifonía. Él debe visibilizar ejemplarmente el pensamiento paulino: “Si vivimos, vivimos para el Señor… (Rom 14,8), sin división (1 Cor 7,35). Lo que hace creíble al celibato es la pasión evangelizadora del célibe. Este es un “desposado” con el Evangelio, al que debe la misma fidelidad que el marido debe a su esposa, en un matrimonio espiritual, pero no estéril, llamado a servir eficazmente a la vida. Pablo no minusvalora ningún estado de vida cristiana, sino que destaca sus peculiaridades.
REFLEXIÓN PERSONAL
.- ¿Es para mí el Evangelio novedad o rutina? ¿Qué espacio le  concedo en mi vida?
.- ¿Hasta que punto me entrego a los asuntos del Señor?
.- ¿Qué "espíritu" es el que "posee" mi vida?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

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domingo, 21 de enero de 2018

¡FELIZ DOMINGO! 3º del TIEMPO ORDINARIO

SAN MARCOS 1, 14-20
                                                 

  "Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed en la Buena Noticia.
    Pasando junto a lago de Galilea, vio a Simon y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
    Jesús les dijo: Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.
    Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él."
                                   ***             ***             ***             ***
     También Jesús, enviado por el Padre, recorrió la tierra con una invitación a la conversión y a creer en su propuesta salvadora. Dios siempre llama a la salvación, porque su voluntad es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 2,4). Y eligió unos hombres, a los que confió la continuación de ese anuncio. No les cambia de profesión -pescadores-, aunque sí les cambia la misión -pescadores de hombres-. Y ellos lo siguieron, desenredándose de sus redes, para caer en las de Jesús: redes que no enredan sino que liberan. Y no es irrelevante destacar que será Jesús quien los “hará” discípulos y pescadores. Porque solo él es el maestro y el formador.
REFLEXIÓN PASTORAL
    Desde la palabra de Dios, la Iglesia continúa recordándonos las implicaciones de la vocación cristiana, resumidas en la necesidad de la conversión sincera al Señor y a su Evangelio, únicas alternativas para un mundo y un hombre profundamente deteriorados por el pecado en sus múltiples manifestaciones...
    “Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada”, anuncia el profeta Jonás. “El momento es apremiante..., porque la presentación de este mundo se termina”, escribe s. Pablo. “El tiempo se ha cumplido...; convertíos y creed la Buena Noticia”, dice Jesús.
    Los tiempos del hombre se agotaron sin renovar al hombre. Comienza el tiempo de Dios. Un tiempo que inagura Jesús, pero que no se  agota con él.
    A partir de entonces el tiempo se divide en “tiempo de Dios” (tiempo de redención) y “tiempo muerto” (tiempo de no redención) ¿Qué tiempo es el nuestro? ¿En qué tiempo vivimos?
    Jesús vino a  vencer la muerte, y vino, también a anular los tiempos  muertos, estimulando la vida. Y propuso la alternativa: la conversión. Que no consiste en una serie de prácticas superficiales y aisladas, sino en una decisión preferencial y existencial por Cristo.
No se reduce a un blanqueo de fachadas, sino a la reconstrucción de la casa. El hombre no ha corregir solo unos grados su orientación, sino que ha de reorientarse completamente. Su pensamiento no tiene solo que enriquecerse con algunos contenidos nuevos, sino que ha de trascenderse, para conocer “lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que transciende todo conocimiento” (Ef 3,18).
     Y Jesús quiso contar con hombres, compañeros de esa tarea vivificadora. Se acercó personalmente a unos cuantos, les inquietó con su propuesta (Jesús era una persona inquieta e inquietante), y ellos le siguieron. Abandonaron sus barcas, para desembarcar en el proyecto de Jesús; dejaron sus redes (se desenredaron), cayendo en las de Jesús. Antes de ser pescadores, fueron pescados... Y no es irrelevante destacar que será Jesús quien los “hará” discípulos y pescadores. Porque solo él es el maestro y el formador.
     Nos equivocaríamos, y frecuentemente nos equivocamos, al pensar que esto es historia pasada. Los tiempos muertos y los tiempos de muerte continúan, y también continúa la llamada de Jesús. A tu vida y a  mi vida se acerca Cristo para estimularla e inquietarla con un “sígueme” liberador de tantas redes como nos enredan. Invitándonos a situar la vida en ese estilo que nos marca s. Pablo, colocando nuestro presente concreto: familia, trabajo, bienes, alegrías y dolores en un horizonte de trascendencia, resistiendo la tentación de absolutizar lo relativo y relativizar lo absoluto.
     “Venid en pos de mí” (Mt 4,19). Adentrémonos en la compañía de Jesús. Acojamos esta invitación. Nadie está desprovisto de vocación ni de misión. En su llamada, Dios no margina ni excluye. Lo hemos visto en la primera lectura: Nínive, también fue llamada, porque fue amada de Dios. Dios no margina. Solamente hay automarginados, quienes se marginan y excluyen. Quienes prefieren seguir enredados en sus cosas, absortos en su faenas, desoyendo la llamada liberadora del Señor.
REFLEXIÓN PERSONAL
.- ¿Soy excluyente?
.- ¿Con qué criterios vivo la vida?
.- ¿Vivo enredado  en mis propias redes, o participo de la libertad que trae el Señor?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.